jueves

[...] Las semillas son invisibles. Duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se les antoja despertarse. Entonces, seestira y, timidamente al principio, crece hacia el sol una encantadora ramita inofensiva. Si se trata de una ramita de rábano o de rosal, se la puede dejar crecer como quiera. Pero si se trata de una planta mala hay que arrancar la planta en cunto se la pueda reconocer. [...]

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